jueves, 24 de noviembre de 2011

Betiereko.

Mírame, date la vuelta y no me vuelvas a mirar,
esto es lo único que siempre podrás ver,
pa cuando vuelvas todo va a seguir igual,
que yo soy yo, tú eres tú y nada cambiará.
Las cicatrices no se borran con el tiempo,
el tiempo borra los recuerdos, nada más,
y cuando quieras darte cuenta, las arrugas
entre las uñas de la muerte te querrán.


Y así la vida marchitó tus ilusiones,
borrones son lo que un día fueron canciones
que con mis cuatro desalmados corazones,
me basta para echarle al mundo dos cojones.


Márchate, pero no te vayas sin coger una rosa
de esas negras, las que habitan en mi piel,
de las que tienen espinas de mil colores,
de las que endulzan hasta el sabor de la hiel.
Mis ojos siguen con el brillo de las piedras,
mis manos suaves como una lija oxidada,
sigo tan terco, yo te dije que te fueras,
pero aquí sigues deslumbrando mi mirada.


Y así la vida me volvió a pisar el cuello,
volví a mi cauce y me volví a tropezar, 
y así me volviste a decir que nunca aprendo,
si nada aprendo, nada podré olvidar.

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